Organización y Desarrollo Inicial de la Comunidad: 1970 – 1990

La historia del Centro de Textiles Tradicionales del Cusco comenzó con un puñado de mujeres quienes comenzaron a reunirse en las casas de cada una para hilar y tejer en los años 70. Estas tejedoras quechua de la comunidad de Chinchero se dieron cuenta de que las tradiciones textiles cusqueñas estaban comenzando a desaparecer. La gente prefería la conveniencia a bajo precio de los tintes químicos que los costosos tintes naturales. Los patrones y técnicas más complejas estaban en riesgo de extinción pues las generaciones más jóvenes no aprendían de sus familiares mayores. El racismo contra los habitantes indígenas ocasionó también que tanto mujeres como hombres temieran o se sintieran avergonzados de usar sus ropas tradicionales.

Preocupadas de que su sagrada tradición textil estuviera en riesgo de desaparecer para siempre, las tejedoras llegaron a la conclusión de que el destino de sus tradiciones estaba en sus propias manos. Se unieron para comenzar a recuperar diseños antiguos, volver a aprender técnicas ancestrales y vender sus textiles a turistas como medio económico para independizarse de los hombres.

En aquel momento, un etnobotánico y antropólogo de los Estados Unidos se mudó a Chinchero con sus hijos pequeños. Pudieron aprender de las tejedoras cuán importante era el tejido en cada aspecto de su vida diaria, espiritual y comunitaria. Los visitantes conocieron también a una joven tejedora e hilandera, Nilda Callañaupa, quien se convirtió en su profesora de tejido. Posteriormente, fundaron un centro cultural comunitario en Chinchero. Trabajando juntos durante los años 80 y 90, Nilda, los tejedores y sus colaboradores formaron a su vez un grupo de tejedores jóvenes para recuperar diseños y técnicas tradicionales de la comunidad de Chinchero que estaban pasando al olvido.

Hace un tiempo, estaba tejiendo el patrón de un caballo por medio de una técnica llamada «Pata Pallay» (un tipo de doble cara) . Lo aprendí al analizar una pieza textil de una región lejana . Había comenzado a tejer un poco cuando de pronto un turista lo vio y lo compró, telar y todo. Pude darme cuenta de que había mayor valor en la creación de tejidos más complejos y tradicionales en lugar de piezas simples hechas con hilo sintéticos brillante, las cuales eran tejidas por la mayoría de personas para el comercio turístico.Nilda Callañaupa Alvarez, tejedora de Chinchero, fundadora y directora de CTTC

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El Nacimiento de una Asociación sin Fines de Lucro: 1996

Un esfuerzo tan grande como revivir las tradiciones y el orgullo cultural no es fácil de emprender. Fue así como el centro cultural comunitario en Chinchero fracasó. Sin perder la motivación, los tejedores, liderados por Nilda Callañaupa, revisaron sus metas y, junto a colaboradores internacionales, fundaron el Centro de Textiles Tradicionales del Cusco (CTTC) en 1996. Después de mucho trabajo, el CTTC se convirtió en una organización oficial sin fines de lucro, una ONG registrada en el Perú en 1998. El objetivo de la ONG, con sede en la ciudad del Cusco, fue trabajar con varias comunidades de la región del Cusco para revivir las tradiciones textiles y empoderar a los tejedores, en especial a las mujeres.

Para comenzar con el proyecto, el CTTC se asoció con un pequeño número de comunidades, incluidas ChincheroChahuaytire Pitumarca. El primer objetivo fue trabajar con los ancianos de cada comunidad para recuperar diseños, técnicas y conocimiento ancestral, ayudándolos, a su vez, a transmitir y enseñar todo esto a otros tejedores. El segundo objetivo fue construir un centro de tejido en cada comunidad donde mujeres y hombres pudieran reunirse y trabajar protegidos de la lluvia y libres de las distracciones de la vida familiar. A medida que la habilidad de los tejedores mejoraba y creaban textiles tradicionales en un número cada vez mayor, comercializarlos se convirtió en una prioridad.

Con el apoyo de donantes y fundaciones internacionales, el CTTC pudo construir centros de tejido en comunidades asociadas, realizar talleres con los tejedores y abrir una tienda, oficina y museo en Cusco, Perú.

 

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CTTC museum making
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El CTTC en la actualidad

El CTTC ahora trabaja con diez comunidades tejedoras de la región del Cusco: Accha Alta, Acopia, Chahuaytire, Chinchero, Huacatinco, Mahuaypampa, Patabamba, Pitumarca, Santa Cruz de Sallac, y Santo Tomas. Huacatinco, de la región de Ocongate, fue la última comunidad en asociarse con el CTTC en el año 2012.  Cada una mantiene estilos, técnicas y diseños ancestrales distintivos y particulares de su zona por lo que los tejedores trabajan arduamente en preservarlos. A lo largo de este tiempo, el CTTC y los tejedores han redescubierto el proceso de los tintes naturales así como recuperado cientos de diseños y técnicas que casi se habían olvidado.

El CTTC también dirige un Departamento de Educación cuya misión es "proporcionar un espacio interactivo para los tejedores y el público a través de programas, investigaciones y publicaciones que promuevan y revaloricen los textiles ancestrales". El Centro ha publicado cuatro libros, asiste regularmente a festivales de arte y conversatorios, participa en  exhibiciones tanto en museos nacionales como internacionales, y organiza eventos educativos para los tejedores, sus familias y el público en general. El evento más grande que organiza el CTTC es “Tinkuy: Encuentro de Tejedores", una conferencia internacional en la ciudad del Cusco que reúne a artistas textiles y entusiastas de todo el mundo.

Como era al principio, el trabajo más importante del Centro es con el Grupo de Jóvenes Tejedores. Cada sábado, los niños y jóvenes se reúnen en el centro de tejido de su comunidad para aprender de sus mayores. Es a través de la educación de las generaciones más jóvenes que el CTTC augura un futuro positivo para las tradiciones textiles de la región del Cusco.

 

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El Futuro del CTTC

Desde 1996, el Centro ha presenciado una transformación tanto en las comunidades como en la ciudad del Cusco. Cuando antes las poblaciones indígenas se avergonzaban de su identidad y de sus tradiciones, ahora, por lo contrario, se sienten orgullosos de sus textiles, orgullosos de su comunidad y, lo más importante, orgullosos de sí mismos.

La esperanza del CTTC es que este fomento no se detenga en las fronteras del Perú. El mundo también debe conocer y respetar a estos tejedores como artistas y a sus tradiciones textiles como patrimonio mundial. A través de investigaciones continuas, programas educativos y el trabajo con los tejedores, el CTTC espera que algún día este sueño se convierta en realidad.


Aprendí que cada pieza de tela encarna el espíritu, la habilidad y la historia personal de cada uno de los tejedores. El tejido es un arte vivo, una expresión de cultura, geografía e historia. Une a través de un hilo infinito la vida y sentimientos de mi gente.Nilda Callañaupa Alvarez, tejedora de Chinchero, fundadora y directora de CTTC